VOLVIENDO AL PASADO EN ISOLINA

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Entrar a Isolina es transportarse al pasado. Es estar en el Lima de 1900, en una taberna donde la abuela con sus recetas clásicas y su ingrediente secreto, te sacan delicias en bandejas de fierro enlozado, y en porciones bien despachadas como para compartir entre todos. Así es la experiencia en esta casona barranquina, totalmente restaurada, ubicada a pocos metros del puente de los suspiros.

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El menú es absolutamente criollo clásico, uno puede encontrar una papa rellena con borde delgadito y un relleno contundente y sabrosísimo, un tallarín saltado con trozos de lomo suavecitos y de una sazón de chuparse los dedos, o un pan con pejerrey de competencia. Además tienen un menú de cocktails muy clásicos también, y si de piscos se trata tienen una lista de macerados que te hacen muy difícil escoger. Para comenzar y acompañar mi comida, elegí un chilcano clásico, servido a la perfección, en un vaso grande, con mucho hielo, y el punto justo de limón.

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No es la primera vez que iba a Isolina, es un lugar que te cautiva y te invita a volver. Sin embargo, está vez decidí salir de los platos “conocidos”, y aventurarme por algunos que muchas veces escuche nombrar, pero nunca había probado. Pedímos dos platos en media porción cada uno para poder terminarlos. Uno fue el cau-cau con sangrecita, muy rico! Servidos juntos y medio revueltos en un plato, y acompañado de arroz blanco. Definitivamente un plato del cual no era muy fanático cuando niño, quizás sólo por el simple hecho de que te digan que es “mondonguito”, pero que ahora he aprendido a apreciar y disfrutar! Un muy buen ejemplar!

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El segundo plato fue el chicharrón de costillas de cerdo acompañado de pepián de choclo. Espectacular! Una muy generosa porción de costillas, con una carne suavecita pero un borde súper crocante y su porción de grasita que, aunque con remordimiento, uno se come feliz por el tan delicioso sabor que le da al bocado. Ese pedazo de carne, en la misma cucharada con un poco de pepián y arroz blanco, que por supuesto acompaña también este plato, crean una fórmula adictiva que uno no puede parar de comer. Simplemente excelente!

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Al momento del dulce me fui por un clásico arroz con leche, preparado como debe ser, con la textura perfecta de melcochito, y con un punto dulce ideal que no te empalagaba. Fue una cena criolla exquisita en su totalidad!! Y después, el ambiente de la taberna te invita a pedir otro chilcanito, quedarte a disfrutar con los amigos…y a empezar la jarana!! No te lo pierdas!!


Foodie Monster

Nací en una familia de foodies, mi abuelo era capaz de viajar a un país lejano solo para probar un nuevo restaurante de un reconocido chef internacional, y mis recuerdos de infancia suceden en su gran mayoría en una mesa de restaurante donde 20 personas se ponían de acuerdo en que pedir y como pagar. En ese entorno crecí, y así me convertir también en un foodie. Mi pasión por la comida es tan o más grande que la pasión del Cookie Monster por las galletas, y así como el repetía hasta el cansancio “I want cookies”, no me queda mas que decir…”I want food!”


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